Hay momentos en los que, aparentemente, todo está bien.
Has pasado el día trabajando, has quedado con alguien, incluso te has reído y lo has pasado bien. Pero llegas a casa, todo se queda en silencio y vuelve esa sensación.
Como si faltara algo, aunque no sepas decir exactamente qué.
Quizá tienes personas que te quieren. Haces planes, cumples con tus responsabilidades y has conseguido algunas de las cosas que durante mucho tiempo pensaste que te harían feliz.
Y, sin embargo, hay algo que no termina de encajar.
A veces esa sensación aparece incluso estando acompañada. Estás con amigos, todos hablan y se ríen y, por algún motivo que no consigues entender, te sientes sola.
Y cuesta darle un sentido.
“Mi vida está bien.”
“No tengo motivos para sentirme así.”
“Debería estar contenta.”
Cuando esta sensación permanece en el tiempo, muchas personas la describen como vacío emocional.
¿Qué es el vacío emocional?
El vacío emocional puede sentirse como una especie de hueco interior. Una sensación de falta, insatisfacción o desconexión que no siempre sabemos identificar ni relacionar con algo concreto.
No es necesariamente tristeza.
Tampoco significa estar sola, no tener una vida satisfactoria o haber dejado de sentir.
A veces puedes disfrutar, reírte, querer a otras personas e incluso sentirte bien durante determinados momentos y, aun así, notar que hay algo que no termina de satisfacerte.
Porque podemos tener una vida llena de cosas y sentir, al mismo tiempo, que algo importante falta dentro de ella.
Y entonces aparece una pregunta:
“¿Qué necesito para dejar de sentirme así?”
Cuando intentamos aliviar lo que sentimos que falta
Cuando algo nos duele o nos resulta difícil de sostener, es natural que busquemos aquello que pueda hacernos sentir mejor.
Quizá necesitas estar siempre haciendo algo.
Encadenas planes, llenas la agenda, trabajas más de la cuenta o buscas nuevos proyectos y objetivos.
Tal vez recurres a las redes, las compras, la comida o cualquier otra experiencia que durante un rato consiga distraerte de esa sensación.
O puede que sean las relaciones las que ocupen ese lugar. Sentirte querida, elegida, importante para alguien o tener a otra persona cerca puede aliviar temporalmente algo que resulta mucho más difícil cuando estás sola.
En algunas personas, esta necesidad de encontrar en el vínculo lo que sienten que les falta puede conectar con dinámicas de dependencia emocional.
No hay nada extraño en buscar fuera experiencias que nos hagan sentir bien. Necesitamos a los demás, necesitamos vínculos, reconocimiento, pertenencia, disfrute y contacto.
El problema puede aparecer cuando aquello que parecía que iba a hacernos sentir mejor llega… y el alivio dura poco.
Consigues lo que querías.
Conoces a alguien.
Alcanzas una meta.
Llenas la semana de planes.
Y durante un tiempo parece suficiente.
Hasta que vuelve esa sensación.
Y con ella, quizá, una pregunta todavía más desconcertante:
“¿Por qué nada termina de ser suficiente?”
No todos los vacíos cuentan la misma historia
Es fácil pensar que si sentimos un vacío es porque nos falta algo y que, cuando descubramos qué es, podremos llenarlo.
Pero no todos los vacíos hablan de lo mismo.
A veces hemos pasado mucho tiempo viviendo pendientes de lo que se esperaba de nosotras.
Cumplir. Cuidar. Resolver. Hacerlo bien. Estar disponibles. Ser aquello que necesitaban los demás.
Y puede llegar un momento en el que sabemos perfectamente qué tenemos que hacer, pero nos cuesta mucho más responder a otras preguntas:
¿Qué quiero yo?
¿Qué necesito?
¿Qué me hace bien?
¿Qué deseo realmente?
En otras ocasiones, puede haber necesidades emocionales importantes que no encontraron suficiente respuesta. Necesidad de sentirnos vistas, queridas, protegidas, escuchadas o importantes para alguien.
No necesariamente porque no hubiera amor o cuidados. A veces hubo muchas cosas y, aun así, otras no pudieron estar.
El vacío también puede aparecer cuando perdemos algo que ocupaba un lugar importante en nuestra vida.
Una persona.
Una relación.
Un trabajo.
Un proyecto.
Una etapa.
Incluso una versión de nosotras mismas que ya no existe.
Lo que estaba ahí desaparece y queda un espacio que todavía no sabemos cómo habitar.
Otras veces llevamos años avanzando hacia algún lugar.
“Cuando termine esto…”
“Cuando encuentre pareja…”
“Cuando consiga ese trabajo…”
“Cuando tenga mi propia casa…”
“Cuando mi vida sea más estable…”
Y un día llegamos.
Pero aquello que imaginábamos que íbamos a sentir no aparece, o dura mucho menos de lo esperado.
También puede ocurrir que llevemos tanto tiempo alejándonos de lo que sentimos que nos resulte difícil reconocer qué necesitamos, qué deseamos o qué nos hace sentir vivas. Cuando existe un bloqueo emocional, esa desconexión no siempre afecta únicamente a nuestras emociones; también puede dificultar el contacto con otras partes importantes de nosotras mismas.
Y hay vacíos que aparecen dentro de los vínculos.
Podemos tener pareja, familia o amigos y sentir, sin embargo, que algo esencial no está ocurriendo. Que nos acompañan, pero no terminamos de sentirnos vistas. Que hablamos, pero hay partes de nosotras que nunca llegan a encontrarse verdaderamente con el otro.
Por eso dos personas pueden describir una sensación de vacío muy parecida y, sin embargo, necesitar cosas completamente diferentes.
¿Y si no hubiera que llenarlo inmediatamente?
Cuando sentimos vacío, nuestra primera reacción suele ser intentar que desaparezca.
Tiene sentido.
El vacío incomoda. A veces duele. Y otras puede resultar incluso difícil permanecer un momento a solas con él.
Pero quizá antes de preguntarnos cómo llenarlo podamos empezar a preguntarnos algo diferente.
¿Qué ocurre dentro de mí cuando aparece?
¿Qué echo de menos?
¿Qué necesito y no estoy encontrando?
¿Qué cosas forman parte de mi vida, pero hace tiempo que han dejado de nutrirme?
¿Dónde me siento realmente acompañada?
¿Cuándo me siento viva?
No siempre encontraremos una respuesta inmediata.
Y quizá tampoco haya una sola.
A veces empezar a acercarnos al vacío significa precisamente dejar de exigirnos saber rápidamente qué nos ocurre y permitirnos permanecer un poco más cerca de esa experiencia.
No para resignarnos a ella.
Sino para poder conocerla.
Porque acercarnos a esa sensación puede ayudarnos a comprender mejor nuestras necesidades, nuestros vínculos, nuestros deseos, nuestras pérdidas o la vida que estamos construyendo.
Recuperar el contacto con lo que necesitas
Salir de esa sensación de vacío no consiste necesariamente en encontrar aquello que consiga hacerla desaparecer para siempre.
Quizá el camino tenga más que ver con empezar a recuperar el contacto con nosotras mismas.
Con aquello que necesitamos.
Con lo que deseamos.
Con las personas con las que podemos mostrarnos de verdad.
Con lo que nos nutre.
Con aquello que ya no queremos seguir sosteniendo.
Con los pequeños momentos en los que sentimos que estamos realmente presentes en nuestra propia vida.
A veces será necesario hacer un duelo.
Otras, aprender a reconocer necesidades que durante mucho tiempo quedaron en un segundo plano.
Quizá necesitemos construir vínculos diferentes, recuperar partes de nosotras que habíamos dejado atrás o empezar a cuestionarnos si la vida que estamos viviendo sigue teniendo sentido para quien somos hoy.
Y no necesitamos esperar a tener todas las respuestas, ni a que esa sensación haya desaparecido, para empezar a introducir pequeños cambios en nuestra vida.
A veces podemos ir acercándonos a lo que necesitamos mientras todavía estamos aprendiendo a comprender aquello que nos ocurre.
Tal vez el comienzo sea mucho más sencillo.
Empezar a escuchar la pregunta que hay detrás de ese vacío.
Si quieres que te acompañe
Si llevas tiempo sintiendo que algo falta y no consigues saber exactamente qué es, quizá hayas intentado muchas veces hacer que esa sensación desaparezca.
Y quizá estés cansada de buscar una respuesta que nunca termina de llegar.
No todos los vacíos necesitan lo mismo.
A veces necesitamos un espacio en el que poder detenernos, acercarnos a lo que está ocurriendo y descubrir, poco a poco, qué hay detrás de esa sensación.
Si sientes que ha llegado el momento de acercarte a ella acompañada, puedes ponerte en contacto conmigo.
Y vemos juntas si este puede ser un buen lugar para empezar a comprender qué está ocurriendo.